La ermita de Santa Ana Imprimir
Escrito por Manuel A. Asensio   
Miércoles, 30 de Junio de 2010 12:42

Ahora que el ladrillo, ese sencillo material de 24 centímetros que tantos beneficios otorga al que delinquiendo lo utiliza, está tan de moda. Ahora que la restauración de los monumentos tan en boga se encuentra, y que mil años dure. Ahora que el turismo arrastra tanto ladrillo y tanta restauración. Ahora que las visitas culturales de lugares necesita.

Ahora que más vale prevenir que curar. Ahora que el camino que conduce a la historia es corto. Ahora que las instituciones y la Iglesia colaboran en cientos de proyectos en forma de rehabilitaciones especialmente aplaudidas y gratificantes para el que a pararse de detiene. Ahora que es el momento de echar la vista atrás y ver con qué monumentos de interés cuenta Fuencaliente de Medina. Ahora que tantas cosas...

Pues ahora es momento de preocuparse por una ermita, la conocida como de Santa Ana. Qué menos que restaurarla como el padre de la Iglesia manda y no un lavado de cara hacer. Se trata de enseñar al que visitarla quiera qué fue, por qué, dónde se enclavaba, cuál fue su función durante años y qué ha sido de ella. Ya sabemos que los patrimonios, y más los culturales, se echan de menos una vez se pierden, de destruyen o los destruyen. Y este caso puede ser de la opción tercera. Porque dejar que un edificio de estas características se pierda es como derribarlo con la picota pero sin ella, dejando que el tiempo sus devastadores efectos ejerza sobre su debilitada estructura. La soledad para cualquier edificio es garantía de pérdida. Así que esperemos que ésta no sea irreparable y los que mandan en la cosa sus ojos en este humilde edificio pongan y la solución cerca se encuentre.

Es el momento, seguramente, de recordar que la obra de la Iglesia es enorme en el territorio rojo, gualda y rojo. Y que una cuestión como la restauración de este monumento sólo puede ser comprendido si lo vemos desde la óptica de la obra del Señor. En un pueblo perdido de Soria, con escasos habitantes, la acometida de obra en la ermita sería una labor encomiable, un gesto más de esta bendita Iglesia que tanto necesita el buen cristiano.

Podríamos ver este asunto desde diversos puntos de vista, ya sabemos que hay tantos como intenciones en la cuestión se tengan. Pero mejor es quedarse con el lado positivo, que cuesta el mismo trabajo que lo contrario mas es más edificante y motivador. Así que lo veríamos desde el lado de la caridad cristiana. Ese punto esencial en la vida eclesiástica. Sería una obra que difícilmente contaría con la colaboración de alguna entidad privada, como ocurre en las grandes ciudades, y que encuadraríamos en la conservación, mantenimiento y divulgación del patrimonio, ése que nos enseña de dónde venimos y hacia dónde vamos. Ése que es tan importante y que tan poca importancia damos hasta que a punto de perderse la cosa se encuentra.

Esperemos y deseemos que la visita del Obispo de Osma-Soria, Su Excelencia Vicente Jiménez Zamora, pueda ser la partida, el inicio de una restauración que en silencio pedía la ermita y que hasta la fecha tan poco interés ha despertado. Es momento pues de aprender de los errores y dar el esplendor que se merece al histórico edificio.
Última actualización ( Lunes, 06 de Septiembre de 2010 16:22 )